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ARM SUDAMERICANA

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COVID-19 y salud mental

Carlitos era un niño de ocho años que vivía con sus padres al lado de la casa de sus abuelos. Sus padres eran amorosos y trabajaban duro para conseguir el pan de cada día. Por las mañanas, Carlitos iba a la escuela y, al volver a casa, su abuela lo esperaba con un sabroso almuerzo. Pero, un día apareció un virus que cambió la rutina de la familia de Carlitos. De repente, ya no podía ir a la escuela, la iglesia ni jugar. Sus padres no podían trabajar más, y todas las noticias y temas se relacionaban con el COVID-19.

A pesar de que tomaba todos los recaudos necesarios, Carlitos se engripó. Parecía algo inofensivo, nada que le impidiera jugar y correr por el patio de su casa. Dos días después, Carlitos no tenía ningún síntoma, pero su abuela querida comenzó a sentirse cansada y con dificultades para respirar. Fue llevada al hospital y le diagnosticaron COVID-19. Una semana después, falleció. Eso fue un golpe para la familia. Carlitos no pudo despedirse de su abuela y, además de eso, escuchaba rumores de que él le había contagiado el virus. La vida de Carlitos cambió mucho.

Hoy sufre un trastorno de ansiedad que le impide salir de su casa. Sus padres perdieron el empleo y las dificultades financieras son cada día más visibles. Él ve que su madre llora todos los días, y su padre se volvió irritable y agresivo.

Aunque Carlitos es un nombre ficticio, su historia no lo es. Es probable que usted haya escuchado algo semejante, tal vez con algunos matices y colores diferentes, pero con algo en común: el trauma causado por el COVID-19.

¿Qué es un trauma?

De acuerdo con el Manual de Diagnóstico y Estadística de los Trastornos Mentales (DSM V) el trauma, o trastorno de estrés postraumático (TEPT), en resumen, lo define como la exposición a un episodio que produce amenaza de muerte o lesión grave. Los síntomas del TEPT se pueden observar en tres modalidades:

Fisiológicas: alteraciones en el sueño y el apetito, temblores, etc.

Comportamentales: alteraciones en el humor, fobias, ansiedad, disociación, irritación y agresividad.

Cognitivos: pensamientos y creencias disfuncionales como “soy una persona mala”; “no puedo confiar en nadie”; “Dios me abandonó”. Esos pensamientos negativos desencadenan trastornos mentales que, si no son tratados, pueden destruir vidas.

El COVID-19 puso a millones de personas en aislamiento y ha infectado y matado a millones por el mundo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció que esta pandemia trajo una crisis de salud mental.

¿Qué hacer?

Gracias a Dios, hoy tenemos tratamientos para el TEPT. De acuerdo con la American Psychological Association (APA), las terapias enfocadas en el trauma, como EMDR (Eye Movement Dessentiziation Reprocessing) y TCC (Terapia Cognitivo-Comportamental) son las más indicadas para el tratamiento del TEPT.

Esas terapias ayudan en el procesamiento de las memorias traumáticas y ayudan a modificar los pensamientos y creencias distorsionados. Cuanto más rápida la intervención, más eficaz será el tratamiento.

Es muy común pasar por dificultades relativas a la salud mental, especialmente durante una pandemia. Aquí van algunos consejos para reducir el estrés y promover el equilibrio emocional:

Respire: respirar hondo es una de las mejores maneras de reducir el estrés y relajar el cuerpo.

Mantenga contacto con su familia y amigos: aunque sea en línea, conversar con las personas en las que confiamos ayuda a reducir la carga diaria.

Mantenga una rutina saludable: también en casa, continúe con la rutina de horarios para dormir, alimentarse, trabajar, etc.

Evite el alcohol, las drogas y comer en exceso para luchar con el estrés: estos consumos solo empeoran la situación.

Conéctese con su fe: la esperanza es uno de los puntos fundamentales para el restablecimiento emocional. La oración y la conexión con Dios son la clave para alcanzar esperanza y ánimo en medio del sufrimiento.

Sea generoso consigo mismo y con los demás.

Busque ayuda profesional a la primera señal de estrés emocional: cuídese a sí mismo y a quienes ama. Buscar ayuda es una señal de sabiduría y un acto de valentía.


Por Sheila Cordazzo, doctora en Psicología.

Referencia: https://noticias.adventistas.org/es/noticia/salud/covid-19-y-salud-mental/

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